Vino de Madeira

Con variedades clásicas y un sabor distintivo derivado de un proceso único, el vino de Madeira se ha hecho famoso, liderando el mercado de todo el mundo.

El desarrollo del vino de Madeira empezó por el rico suelo volcánico, un clima benigno y una amplia variedad de castas traídas de muchos lugares del mundo; una de las primeras fue la casta Crete Candia Malvasia, de la Venecia del siglo XIII. No puede sorprendernos ya que Venecia dominaba el mercado del Mediterráneo, operando por toda Europa. En el siglo XV empezó el desarrollo de la casta Madeira Malvasia junto con otras variedades que pronto se volvieron muy productivas y reconocidas.

El proceso de maduración del vino de Madeira fue descubierto por casualidad; el movimiento del transporte marítimo, las brisas marinas y particularmente el calor en los barcos en viajes tropicales desarrollaron diferentes sabores en el vino, que adquirió un sabor más fuerte. Se dice que en el siglo XVI, en los viajes más largos, el vino de Madeira se reforzó con un 20% de alcohol con el fin de soportar las condiciones del mar. Sin embargo, el constante balanceo del barco y el paso por el ecuador (lo cual lo calentaba como una sauna) aceleraron el proceso de maduración del vino. Así los viajes largos eran la manera de su fabricación hasta 1794, cuando se aplicó la ciencia a este proceso.

Los madeirenses, intrigados por la transformación, empezaron a experimentar con diferentes técnicas, como el método de calentamiento llamado estufa, “sauna caliente”, en el que el vino se calienta durante 3 meses a una temperatura de hasta 50ºC. Los tanques estufa ahora están hechos de acero inoxidable y el proceso empieza pronto con los vinos Malvasía y Boal con un proceso controlado de fermentación más prolongada para vinos más secos como Verdelho y Sercial. El otro método tradicional se llama Canteiros, un proceso de añejamiento en el que el vino se almacena en barriles durante periodos de entre 20 y 100 años con calor natural. Estos métodos aún se usan hoy en día.

Durante el siglo XVII el vino de Madeira era muy deseado y cada vez más conocido en todo el mundo; también debemos dar las gracias a los piratas, quienes ayudaron a su distribución. Durante el siglo XVI los piratas franceses atacaron brutalmente Madeira y los cargueros,  llevando consigo tesoros de Madeira como oro, plata, azúcar y vino, el favorito de los piratas. Más adelante estos tesoros se vendieron por todo el mundo, sobre todo en Francia, donde el vino de Madeira pronto se hizo bien conocido.

En 1661 la princesa Catalina de Bragança, hija de Don João, rey de Portugal, estaba casada con Carlos II, rey de Inglaterra y Madeira obtuvo permiso para vender su vino directamente en cualquier colonia británica. De la misma manera, Portugal le permitió a Inglaterra el comercio libre en cualquier puerto portugués de África, India y América, un acuerdo que muy pronto se convirtió en una valiosísima sociedad comercial.
El vino de Madeira tenía tanta demanda en el siglo XVII que se enviaban cargamentos regularmente hasta Boston, Baltimore, Filadelfia y Nueva York. Era muy apreciado por personajes importantes como Benjamín Franklin o las familias Roosevelt y era el vino predilecto del primer presidente de los Estados Unidos, George Washington, quien bebía un vaso todos los días durante la cena. Además, es históricamente conocido por haberse consumido en muchas celebraciones, como en la firma de la declaración de independencia americana del 4 de juliode 1776 y de nuevo cuando Washington D.C. se convirtió en la capital de América.

Durante el siglo XVIII las industrias del vino y el azúcar en Madeira eran en su mayoría propiedad de ingleses afincados en Madeira desde el siglo XVII, muchos de los cuales habían nacido en la isla y pronto se habían adaptado a sus costumbres y sabían hablar ambos idiomas. Pero en 1852 el desastre sacudió a la isla: la epidemia del moho destruyó el 90% de las uvas, lo que provocó que 70 establecimientos ingleses tuvieran que abandonar la isla. Unos años después otra plaga, la Filoxera de la vid (Phylloxera vastatrix) con rigen en América acabó con las plantas que quedaban. Años más tarde, solo quedaban en la isla 15 de las empresas exportadoras para ayudar a los comerciantes en esta difícil etapa.

A inicios del siglo XX el vino de Madeira se fue recuperando gradualmente y en 1979 se fundó el instituto del vino de Madeira (lnstituto do Vinho da Madeira). Su objetivo era el de dirigir cuidadosamente toda la producción de vino de Madeira, controlando todos los pasos desde la siembra pasando por el proceso de fermentación hasta el último paso de llenar las botellas, con el que se concedería el sello oficial de calidad.
Hoy el vino de Madeira es muy conocido en todo el mundo, no solo como bebida sino también como un excelente vino culinario. Madeira cuenta con bastantes productores de vino importantes, como Henriques & Henriques, la empresa de vino de Madeira perteneciente a la familia Blandy, Vinhos Barbeitos, Vinhos Justino Henriques, Filhos, Pereira d’Oliveira Vinhos y Silva Vinhos, que todavía fabrican unos vinos exquisitos.

Hoy en día aún se cultivan viñedos por toda la isla, sin embargo, las principales zonas de viñedos de los mayores productores de vino están en lugares como Funchal, Estreito, Câmara de Lobos, Ribeira Brava, Caniço, Porto da Cruz, Campanário, São Vicente y Ribeira da Janela. Todos cultivan una gran variedad de uva, como Malvasia, Boal, Verdelho, Tinta (Negra-Mole), Bastardo, Terrantez, Sercial y algunos vinos de mesa como Muscatel de Setúbal. Porto Santo, con su clima más seco, cultiva principalmente Listrão y algunas otras variedades.

La vendimia en Madeira constituye una intensa actividad y también una gran celebración. Empieza a mediados de agosto, se extiende a octubre y algunas veces hasta noviembre dependiendo de la altitud. Tradicionalmente las uvas se recogen a mano y se colocan en cestas de mimbre para ser transportadas al Lagar (lugar de fabricación del vino) donde prensan las uvas con los pies descalzos antes de usar una prensadora mecánica. Hoy en día es bastante habitual ver prensar las uvas con los pies, sin embargo, lo hacen sobre todo los granjeros locales seguidores de la tradición.
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